La educación es la ciencia de las relaciones

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“La educación es una atmósfera, una disciplina y una vida

Charlotte Mason en Educación Hogareña VOL 1. 

Fue en el libro de Charlotte Mason donde leí por primera vez la frase que da título a este artículo y puedo decir que a mi parecer no hay definición más adecuada para la palabra educación. Lo que más me gusta es la manera como Charlotte continúa desarrollando su idea al establecer cuáles son esas relaciones importantes que debemos favorecer y priorizar en la vida del niño:  la primera, la relación con Dios “La divinidad”, la segunda, la relación con el hombre “las humanidades” y la tercera, la relación con el mundo físico “las ciencias”. Y que todo esto está inherentemente relacionado entre sí.

Al leer esta definición pueden ocurrir dos cosas: que te parezca demasiado simple o demasiado complicado, pero más allá de ser fácil o difícil quiero que consideremos por un momento que todo este tema de la educación puede ser mucho más sencillo de lo que hemos creído durante años. La paradoja del asunto es que hoy se piensa la educación como un proceso bastante complejo donde tienen que intervenir una serie de factores y se ha dejado de lado lo esencial. Creemos que para que un niño aprenda es necesario un gran esfuerzo de nuestra parte y un gran esfuerzo por parte del niño, pero la verdad es que el aprendizaje es uno de los procesos más naturales para el ser humano. 

Regresando a las 3 relaciones que menciona Charlotte, es triste ver que justamente la primera y más importante, la relación con su Creador es la más ausente en la educación moderna. Ella creía que un tercio de la educación es el ambiente, así que vale la pena preguntarnos si el entorno que hemos propiciado para que nuestros hijos aprendan, ya sea una escuela o que eduquemos en el hogar, es realmente un ambiente que refleja nuestro amor por Dios.

El principio 20 de su filosofía dice: “No permitimos que se produzca ninguna separación entre la vida intelectual y la vida “espiritual” de los niños, sino que les enseñamos que el Espíritu Divino tiene acceso constante a su espíritu y es su Ayudador continuo en todos los intereses, deberes y alegrías de la vida”.

Como padres cristianos debemos reconocer los graves peligros de centrar la educación sólo en en una lista de materias y cosas por aprender, y de perseguir los mismos ideales que nos presenta el sistema educativo actual que cada vez se aleja más de los verdaderos objetivos de la educación. 

John Ruskin, quien fue un gran artista y político de la época victoriana, fue hijo único y recibió una educación en casa, allí adquirió el gusto por el arte gracias a su padre y un profundo y completo conocimiento de la Biblia gracias a su madre, él definió el objetivo de la educación así: 

“Y todo el objeto de la verdadera educación es hacer que las personas no sólo hagan las cosas correctas, sino que disfruten de las cosas correctas: no sólo sean trabajadoras, sino que amen la industria; no sólo sean eruditas, sino que amen el conocimiento; no sólo sean puras, sino que amen la pureza; no sólo justas, sino que tengan hambre y sed de justicia”.

El Estado y la sociedad, en los últimos años, se han dedicado a establecer estándares educativos en busca de sus propios ideales pero a nosotros como padres es a quienes nos corresponde usar la libertad que Dios nos ha estregado y decidir tomar un camino diferente, uno que priorice la relación más importante y significativa para la vida de nuestros hijos, no sólo la terrenal, sino la eterna.  

Si quieres reflexionar un poco más sobre este tema, te invito a escuchar uno de los episodios de nuestro podcast “Educación Diseño Original” dando click AQUÍ

Con cariño,

Marleny. 

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